Debido a una inclinación innata de los italianos a prestar atención a las relaciones humanas y a la calidad de vida, la cultura de la mesa en el Bel Paese se ha convertido con el tiempo en el símbolo de la hospitalidad y la comida ha adquirido un valor a la par del arte y la música. Por estas razones, la cocina italiana debe ser considerada una contribución al patrimonio de la humanidad y debe ser defendida y protegida de la adulteración y falsificación para salvaguardar su historia, cultura, calidad y autenticidad.

